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Los 10 mejores discos de Black Sabbath: el ranking definitivo

Todo comenzó bajo la lluvia de Birmingham, con el tañido de una campana lejana y un acorde disonante (el famoso «tritono del diablo») salido de las yemas amputadas de Tony Iommi. Black Sabbath no solo inventó el Heavy Metal; lo diseccionó, lo ralentizó y lo oscureció para crear ramificaciones como el Doom o el Stoner. A lo largo de casi cinco décadas de excesos, magia negra, batallas legales y constantes cambios de formación, los padres fundadores dejaron un legado inabarcable.

El eterno debate sobre si la corona pertenece a la locura original de Ozzy Osbourne o a la majestuosidad vocal de Ronnie James Dio sigue dividiendo a las masas. En El Jevilongo nos mojamos y ordenamos sus 10 obras imprescindibles.

10. 13 (2013)

El canto del cisne. Después de décadas de idas y venidas, Ozzy, Iommi y Geezer Butler (con Brad Wilk en la batería) se reunieron bajo la producción de Rick Rubin para grabar un último álbum de estudio. Lejos de ser un mero trámite nostálgico, 13 es un disco denso, lúgubre y pesado que recupera la esencia de sus tres primeros trabajos. Temas como God Is Dead? demostraron que los de Birmingham aún sabían cómo arrastrarte a las profundidades con riffs pantanosos. Un adiós inmensamente digno.

9. Dehumanizer (1992)

Un disco criminalmente infravalorado. A principios de los 90, Ronnie James Dio volvió a las filas de Sabbath para facturar el trabajo más agresivo, pesado y cabreado de toda su carrera conjunta. Iommi adaptó su sonido a los nuevos tiempos, endureciendo su guitarra hasta rozar el Groove Metal, mientras Dio ofrecía una interpretación vocal absolutamente feroz. Computer God y I, y son auténticos puñetazos sónicos que merecen mucha más reivindicación en la historia de la banda.

8. Mob Rules (1981)

El difícil reto de dar continuidad a la resurrección. Con Vinny Appice sustituyendo a Bill Ward en los tambores, Black Sabbath entregó un segundo asalto de la «era Dio» un poco más oscuro y afilado que su predecesor. Aunque carece del factor sorpresa de Heaven and Hell, cuenta con momentos de brillantez absoluta como la épica e inquietante The Sign of the Southern Cross o la cabalgada furiosa que da título al disco. Un trabajo de Heavy Metal clásico de manual.

7. Vol. 4 (1972)

El álbum de la cocaína y los excesos en Los Ángeles. Tras definir su sonido oscuro, la banda experimentó con la producción e introdujo pianos, arreglos orquestales (Changes) y un groove narcótico que sentaría las bases del Stoner Rock. Es un disco denso, crudo y sumamente inspirado, sostenido por joyas inmortales como Supernaut (uno de los riffs favoritos de Frank Zappa) y la oda explícita que es Snowblind.

6. Sabotage (1975)

Grabado en medio de unas agotadoras y amargas disputas legales contra su antiguo mánager, Sabotage canaliza toda la furia y frustración de la banda. Es el disco más esquizofrénico de la era Ozzy; combina pasajes corales casi góticos con riffs de una violencia inusitada para la época. Symptom of the Universe es, sin exagerar, la semilla de la que años después nacería el Thrash Metal, demostrando que Iommi siempre iba dos pasos por delante de la industria.

5. Sabbath Bloody Sabbath (1973)

El pico del refinamiento y la experimentación progresiva. Tras sufrir un severo bloqueo creativo, Tony Iommi encontró la inspiración en las mazmorras del castillo de Clearwell, pariendo el inolvidable riff principal del tema homónimo. La incorporación de Rick Wakeman (Yes) a los teclados dotó al álbum de una atmósfera sofisticada y envolvente. A National Acrobat y Sabbra Cadabra demuestran a una banda en la cúspide de su creatividad instrumental, explorando texturas que nunca antes habían tocado.

4. Black Sabbath (1970)

El Big Bang. Viernes 13 de febrero de 1970. Grabado prácticamente en directo en un solo día, este álbum homónimo aterrorizó a los críticos y fascinó a una generación huérfana tras la disolución de los Beatles. La apertura con la lluvia, la campana y el monolítico riff de Black Sabbath destruyó la inocencia del rock hippie y parió el Heavy Metal. Obras como N.I.B. y The Wizard inyectaron ocultismo, blues denso y terror en la cultura popular para siempre.

3. Heaven and Hell (1980)

La resurrección milagrosa. Cuando el despido de un Ozzy consumido por las drogas parecía firmar el acta de defunción de la banda, apareció la figura colosal de Ronnie James Dio. Su registro operístico, melódico y empapado de fantasía transformó por completo a Black Sabbath, llevándolos hacia el Heavy Metal tradicional que dominaría los 80. Neon Knights, Children of the Sea y la apoteósica Heaven and Hell lo convierten en una obra maestra absoluta y sin fisuras.

2. Master of Reality (1971)

Tres palabras: afinación en Do sostenido. Para aliviar el dolor de sus dedos cercenados, Tony Iommi bajó la tensión de las cuerdas de su guitarra, logrando un sonido tan grueso y cavernoso que automáticamente inventó el Doom Metal y el Stoner. Con letras que hablaban sobre Dios, las drogas y la guerra, este disco es un muro de sonido aplastante. Children of the Grave es el himno definitivo de machaque rítmico, y Into the Void es, probablemente, el riff más pesado jamás escrito.

1. Paranoid (1970)

La obra cumbre y el molde del que bebió cualquier banda posterior con guitarras distorsionadas. Publicado el mismo año que su debut, Paranoid aglutina la mayor concentración de himnos inmortales de la historia del género pesado. Desde el alegato antibélico de War Pigs, pasando por la monstruosidad robótica de Iron Man, hasta la urgencia frenética de Paranoid (compuesta en apenas 20 minutos como relleno del disco), cada segundo de este álbum es historia de la música universal. Perfección atemporal, pesada e inigualable.

La eterna pregunta: ¿Eres más de la era de Ozzy, de la majestuosidad de Dio, o eres de esos valientes que reivindican a Tony Martin? ¡Pásate por nuestra caja de comentarios, deja tu propio Top 3 y cuéntanos qué te ha parecido el ranking!

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