Sôber están a las puertas de la publicación de un nuevo disco, Anandamida y de una nueva gira por salas. Hemos hablado con Carlos Escobedo para que nos cuente las claves del disco y de lo que les espera a los fans en estos próximos meses.

El concepto de «Anandamida» y la evolución del sonido
El Jevilongo: Ya nos habéis adentrado en este nuevo capítulo llamado Anandamida a través de tres adelantos: “Dile al miedo”, “Indestructible” y “Mi refugio”. ¿Cómo convergen estos temas bajo el paraguas de este nuevo disco y qué estado vital de la banda refleja este título?
Carlos Escobedo: Anandamida nace de una idea que, en realidad, está muy presente en nuestra manera de entender la música: las contradicciones forman parte de la vida. El disco habla de luz y oscuridad, de miedo y valentía, de caer y volver a levantarse. “Dile al miedo”, “Indestructible” y “Mi refugio” son tres piezas diferentes, pero las tres hablan de avanzar. “Dile al miedo” representa enfrentarte a aquello que te paraliza; “Indestructible” nace de la fuerza que recibimos del público y de todo lo que hemos vivido durante tantos años; y “Mi refugio” habla precisamente de ese lugar al que todos necesitamos volver cuando fuera todo se complica.
Por eso Anandamida no es solamente un título. Para mí representa esa sensación de felicidad que aparece cuando creas algo que realmente te llena. La música ha sido mi refugio durante toda mi vida y quería que este disco provocase también esa sensación en quien lo escucha. Creo que refleja un momento de Sôber en el que seguimos teniendo hambre. Después de tantos años podríamos vivir de lo que ya hemos construido, pero no queremos hacerlo. Seguimos teniendo ganas de mirar hacia delante, de experimentar y de emocionarnos con una canción nueva.
«La música ha sido mi refugio durante toda mi vida y quería que este disco provocase también esa sensación en quien lo escucha».
El Jevilongo: A la hora de enfrentaros al lienzo en blanco para dar forma a este trabajo, ¿cómo se trabaja internamente la creatividad para encontrar texturas o riffs inéditos sin caer en la autocomplacencia tras tantas décadas de carrera?
Carlos Escobedo: Después de tantos años, el mayor enemigo puede ser uno mismo. No quieres repetir lo que ya has hecho, pero tampoco quieres dejar de ser quien eres. Cuando compones durante décadas, inevitablemente tienes un lenguaje propio: determinadas armonías, determinadas formas de construir un riff, una manera de interpretar una melodía. El reto consiste en utilizar ese lenguaje para decir cosas nuevas.
Yo intento no pensar demasiado en si algo “suena a Sôber” mientras estoy componiendo. Primero tiene que emocionarme. Después llega el trabajo de producción, de arreglos y de selección, y ahí sí nos preguntamos qué necesita la canción. También creo que la experiencia juega a nuestro favor. Hoy sabemos reconocer mucho antes cuándo una canción tiene algo especial y cuándo simplemente estamos repitiendo una fórmula que ya conocemos. Anandamida tiene elementos que forman parte del ADN de Sôber, pero también tiene texturas, dinámicas y maneras de afrontar las canciones que probablemente no habríamos utilizado hace veinte años.
El Jevilongo: El salto desde vuestro sonido original hasta la contundencia de hoy es evidente. ¿De qué manera habéis ido adaptando las nuevas tecnologías de estudio y las herramientas digitales a vuestro proceso de composición para lograr un sonido tan moderno sin perder el ADN clásico de Sôber?
Carlos Escobedo: La tecnología ha cambiado muchísimo la manera de grabar y producir un disco, pero para mí la tecnología nunca puede convertirse en el protagonista. Las herramientas actuales permiten probar muchísimas cosas, editar, experimentar con sonidos, trabajar las guitarras, las voces y las capas de una manera que hace años era mucho más complicada. Pero una herramienta no compone una canción. Mi filosofía como compositor y productor sigue siendo bastante sencilla: primero está la canción y después todo lo demás. Queremos que Sôber suene actual, contundente y moderno, pero cuando escuchas una guitarra, una batería o una voz quieres seguir reconociendo que eso es Sôber.
«No tendría sentido borrar nuestra identidad intentando sonar como otra banda. La evolución consiste en no quedarse congelado en el sonido del pasado, pero tampoco renunciar a aquello que te hizo ser quien eres».
El paso del tiempo, la industria y la resistencia
El Jevilongo: Habéis activado una preventa con ediciones muy cuidadas en CD, vinilo y un formato exclusivo. En una época dominada por las escuchas rápidas, ¿sentís que las bandas longevas se apoyan cada vez más en la nostalgia y el compromiso del fan tradicional para mantener con vida el formato físico?
Carlos Escobedo: Yo sigo creyendo muchísimo en el formato físico. Quizá porque pertenezco a una generación que aprendió a escuchar discos completos, a mirar un libreto, leer los créditos, descubrir quién había producido el álbum, quién había tocado cada instrumento… Para nosotros un disco siempre ha sido algo más que una colección de canciones. Ahora vivimos en una época en la que muchas veces una canción tiene que competir por la atención durante unos segundos. Todo sucede muy deprisa. Por eso me parece especialmente bonito que todavía haya personas que quieran tener el disco entre sus manos. Y en nuestro caso creo que hay algo más: después de tantos años existe una relación muy especial con nuestro público. Hay gente que lleva décadas acompañándonos y que quiere conservar un objeto que representa un momento de su vida. No creo que sea solamente nostalgia. También es una manera de decir: “Esto forma parte de mí y quiero tenerlo”.
El Jevilongo: Sôber nació en los 90 y conoció el máximo esplendor discográfico, mediático y de la MTV. Echando la vista atrás, ¿qué recuerdo o vivencia de aquella época dorada conserváis con más cariño y os hace sentiros unos auténticos privilegiados sabiendo que esa forma de vivir la industria musical es ya irrepetible?
Carlos Escobedo: Hay muchísimos recuerdos. Vivir aquella época en la que una banda podía sacar un disco y verlo crecer en las tiendas, en la radio, en la televisión y en MTV fue algo extraordinario. Nosotros tuvimos la suerte de vivirlo desde dentro y, con el paso del tiempo, somos todavía más conscientes de lo especial que fue. Pero si tuviera que quedarme con algo, probablemente no sería con una aparición concreta en televisión o con una portada determinada. Me quedaría con la sensación de ver cómo nuestras canciones iban llegando cada vez a más gente. Y también con todo lo que aprendimos. Aquella época nos permitió crecer como músicos, como compositores y también como personas. Hemos cometido errores, evidentemente, pero forman parte del camino. Hoy miro atrás y siento muchísimo agradecimiento. No solamente por haber vivido aquella época, sino porque después de todo lo que ha pasado seguimos aquí. Y eso, sinceramente, es un privilegio enorme.
El Jevilongo: Os mantenéis como un bloque sólido y unido, algo casi insólito hoy en día, donde las formaciones duran muy poco juntas. ¿A qué creéis que se debe esta fragilidad en las bandas actuales? ¿Es una cuestión de egos, de precariedad económica o de pura frustración al ver lo difícil que es hacerse un hueco hoy en día?
Carlos Escobedo: No creo que exista una única razón por la que las bandas duren o se separen. Una banda es una convivencia muy intensa. Son muchas horas juntos, muchos viajes, muchas decisiones, muchas emociones y también muchos momentos difíciles. Cuando además existe una trayectoria de décadas, hay una historia personal detrás de cada canción. En nuestro caso creo que ha sido fundamental entender que Sôber está por encima de cada uno de nosotros.
«Ha sido fundamental entender que Sôber está por encima de cada uno de nosotros. Somos cuatro personas distintas, pero hemos aprendido a encontrar el punto en el que todos podamos seguir avanzando».
Carlos Escobedo: Eso no significa que no existan diferencias. Claro que las hay. Somos cuatro personas distintas. Pero hemos aprendido que lo importante es encontrar el punto en el que todos podamos seguir avanzando. También creo que hoy las circunstancias son diferentes. La industria ha cambiado muchísimo y vivir exclusivamente de una banda es complicado. Hay mucha más oferta, mucha más inmediatez y muchas más vías para consumir música. Pero al final hay algo que no ha cambiado: si cuatro personas creen realmente en lo que están haciendo y tienen ganas de seguir compartiendo escenario, todavía pueden construir una historia juntos. Nosotros seguimos teniendo esa ilusión.
La gira de salas y el cara a cara con el público
El Jevilongo: En octubre arrancáis una intensa gira por recintos míticos, y tenemos marcada en rojo esa parada del 17 de octubre en la sala París 15 de Málaga. ¿Qué energía os aporta vitalmente volver al sudor y la acústica de las salas?
Carlos Escobedo: Las salas son otra cosa. En un recinto grande existe una distancia física entre la banda y el público. En una sala esa distancia desaparece. Puedes ver perfectamente las caras, sentir el calor, escuchar cómo respira la gente y notar cada reacción. Y para nosotros eso es muy importante. Además, después de tantos años, tocar en una sala pequeña tiene algo de desafío. No hay dónde esconderse. Todo está mucho más expuesto: la interpretación, la voz, las guitarras, la conexión con el público. La parada del 17 de octubre en París 15 de Málaga forma parte precisamente de esa vuelta a las trincheras. Y tengo muchas ganas porque creo que allí vamos a recuperar una energía muy directa, muy física. La energía del sudor, de estar cerca de la gente y de sentir que las canciones están ocurriendo delante de ti, no a kilómetros de distancia.
«Volver a las salas es volver a una parte muy esencial de Sôber. Es casi regresar al lugar donde aprendimos a tocar».
El Jevilongo: Al mirar hoy al público que compra la entrada y se agolpa en la valla, ¿notáis un relevo generacional real? Y pensando en esos seguidores tanto clásicos como nuevos, ¿cómo vais a encajar los temas de Anandamida en un repertorio donde hay himnos innegociables que el público os va a exigir sí o sí?
Carlos Escobedo: Sí, lo estamos viendo claramente. Hay gente que nos sigue desde hace treinta años, pero también hay chavales que han descubierto Sôber mucho después. Eso es probablemente una de las cosas que más ilusión me hacen. Cuando ves en primera fila a alguien que podría ser perfectamente hijo de una persona que ya estaba allí cuando sacábamos nuestros primeros discos, te das cuenta de que las canciones han conseguido sobrevivir a su propio momento.
Y eso también condiciona el repertorio. Tenemos canciones que son innegociables porque forman parte de la historia de Sôber y de la historia de nuestro público. No podemos olvidarnos de ellas. Pero al mismo tiempo Anandamida necesita encontrar su espacio. No quiero que las canciones nuevas estén ahí simplemente porque pertenecen al último disco. Quiero que con el tiempo se conviertan también en canciones importantes para la gente. Ese es el verdadero examen. Cuando una canción deja de pertenecerte y empieza a formar parte de la vida de otra persona, es cuando realmente ha cobrado sentido. Y eso es precisamente lo que espero que ocurra con Anandamida: que cada persona encuentre dentro del disco su propia historia, su propio refugio, su propia razón para continuar.










