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Evanescence demuestra en Madrid que su historia todavía está lejos de terminar

Crónica del concierto de Evanescence en Madrid por Hada Bicho.

Hay conciertos que se escuchan y conciertos que se viven. El de Evanescence en Madrid pertenece claramente a la segunda categoría. El pasado 2 de octubre, el Palacio Vistalegre acogió una noche marcada por las voces femeninas, el Rock y el Metal, con Nova Twins, Poppy y Evanescence compartiendo un cartel que terminó convirtiéndose en un viaje entre generaciones.

Tres propuestas diferentes, tres maneras de entender la música y un mismo escenario que fue ganando intensidad a medida que avanzaba la noche.

Nova Twins: actitud para abrir la noche

Las encargadas de comenzar la velada fueron Nova Twins, que se encontraron con un recinto que todavía estaba recibiendo público, pero que poco a poco comenzaba a llenarse.

La propuesta del dúo británico puso sobre la mesa una combinación de Rock, Punk, Metal y sonidos alternativos que sirvió para romper el hielo y preparar el terreno para lo que vendría después.

Su presencia también reforzó una de las características más llamativas de la noche: un cartel protagonizado íntegramente por proyectos con mujeres al frente.

Poppy llena el escenario sin necesidad de artificios

Con el recinto cada vez más lleno llegó el turno de Poppy.

Y aquí ocurrió algo especialmente interesante. Frente a los grandes despliegues visuales que suelen acompañar a las grandes producciones actuales, Poppy salió al escenario prácticamente acompañada por lo esencial: sus músicos, un escenario oscuro, su vestido blanco y su característica melena larga.

No necesitó mucho más.

Poppy demostró que también se puede llenar un escenario desde la presencia y la personalidad. El público respondió desde el primer momento y quedó claro que una parte importante de quienes habían acudido aquella noche también tenían a la artista entre sus nombres imprescindibles.

Aunque Evanescence era el gran reclamo, Poppy no actuó como una simple telonera. Se ganó su propio espacio ante un Vistalegre cada vez más entregado.

Evanescence: una experiencia más que un concierto

Y entonces llegó Evanescence.

Hay actuaciones que resultan complicadas de explicar porque las palabras se quedan cortas. Esta fue una de ellas.

Amy Lee y su banda demostraron por qué Evanescence sigue siendo una formación capaz de llenar un gran recinto y mantener durante más de hora y media a miles de personas completamente entregadas.

La banda lleva desde los primeros años de los 2000 formando parte de la banda sonora de varias generaciones. Su particular mezcla de Metal gótico, Rock alternativo y melodía ayudó a llevar determinados sonidos desde una escena más minoritaria hasta el gran público.

Más de dos décadas después, aquella fórmula continúa funcionando.

Un público unido por varias generaciones

Uno de los aspectos más emocionantes de la noche fue observar al público.

Había quienes habían crecido con Evanescence durante su adolescencia y regresaban ahora, muchos años después, para cantar esas canciones que forman parte de sus recuerdos.

Pero también había espectadores más jóvenes y otros de mayor edad. Varias generaciones compartiendo las mismas canciones.

La reacción ante los grandes clásicos fue especialmente intensa.

Cuando llegó «Bring Me to Life», el Palacio Vistalegre se convirtió en una auténtica explosión colectiva. Y poco después, «My Immortal» consiguió exactamente lo contrario: transformar el enorme recinto en un espacio mucho más íntimo y emocional.

Esos contrastes fueron una constante durante el concierto.

Los clásicos siguen funcionando, pero el presente también importa

Uno de los argumentos que aparecen periódicamente alrededor de Evanescence es que Amy Lee es ya la única integrante de la formación original.

También se ha cuestionado en ocasiones si una banda con más de dos décadas de historia puede terminar convertida en una reliquia de otra época.

Madrid dio una respuesta bastante clara: no.

Porque el público no reaccionó únicamente ante la nostalgia. Las canciones más recientes también tuvieron su espacio y fueron recibidas con entusiasmo.

Evanescence no salió al escenario para despedirse de nadie.

Salió para tocar.

Y lo hizo acompañado de una banda de músicos de enorme nivel que demostró estar a la altura de un proyecto de estas dimensiones.

Amy Lee y Evanescence todavía tienen mucho que decir

Quizá esa sea la conclusión más importante que deja la noche.

Evanescence no parece una banda que esté mirando únicamente hacia atrás.

Por supuesto, sus grandes clásicos continúan siendo fundamentales y forman parte de la memoria colectiva de varias generaciones. Pero la respuesta del público demuestra que todavía existe interés por lo que Amy Lee y su actual formación tienen que ofrecer.

Ver a tantas personas cantar aquellas canciones con las que crecieron, mientras otras generaciones las descubren ahora, resulta probablemente una de las mejores pruebas de que la música de Evanescence ha conseguido trascender su época.

El 2 de octubre de 2026 en Madrid, Amy Lee y Evanescence no tocaron como quien repasa una historia terminada.

Tocaron como una banda que todavía tiene presente, futuro y, sobre todo, ganas de seguir haciendo música.

Y mientras eso continúe ocurriendo, habrá nuevas generaciones descubriendo sus canciones y otras que volverán a cantarlas como si hubieran pasado veinte años… o como si no hubiera pasado ninguno.

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