Hay festivales que destacan por el tamaño de su cartel, otros por su capacidad de convocatoria y algunos por su espectacularidad. Sin embargo, el Z! Live Rock Fest lleva once ediciones demostrando que su mayor virtud es otra muy distinta: ofrecer una experiencia cercana, cómoda y profundamente especial para quienes viven el heavy metal como algo más que una sucesión de conciertos.

La cita zamorana volvió a abrir la temporada estival los días 11, 12 y 13 de junio, manteniéndose fiel a una filosofía que lo ha convertido en uno de los festivales más queridos del panorama nacional. Alejado de las aglomeraciones propias de otros eventos, apostando por un recinto manejable, sin solapamientos entre escenarios y con una organización que sigue transmitiendo ese ambiente familiar que hace sentir al público como en casa.
Ni siquiera el importante contratiempo que supuso la caída del cartel de Twisted Sister, inicialmente anunciados como uno de los grandes reclamos de esta edición, consiguió empañar las expectativas. La incorporación de Epica como principal cabeza de cartel internacional devolvió la ilusión a los aficionados y terminó confirmando que la undécima edición mantendría el altísimo nivel que caracteriza al festival.
Pero el Z! Live no vive únicamente de la música. Su apuesta por los productos locales continúa siendo uno de sus grandes rasgos diferenciadores. Mientras otros festivales recurren a la habitual oferta de comida rápida, en Zamora vuelven a triunfar los platos tradicionales castellano-leoneses, los asados, los embutidos y una gastronomía de calidad que convierte cada descanso entre conciertos en parte de la experiencia.
Jueves: potencia desde primera hora
Tras los habituales conciertos acústicos que sirven como aperitivo durante la jornada previa, el festival arrancó oficialmente el jueves con los murcianos Headon, encargados de inaugurar el Silver Stage con una sólida descarga de metal alternativo que confirmó el buen momento creativo de la banda.
En el Copper Stage tomaron el relevo Noah Histeria, iniciando una jornada que volvió a desarrollarse con uno de los sellos de identidad del festival: la ausencia de solapamientos entre escenarios, permitiendo disfrutar de prácticamente todas las actuaciones.
La tarde fue creciendo con las actuaciones de Serious Black, Evil Invaders y Bury Tomorrow, preparando el terreno para uno de los primeros grandes momentos del festival.
Los noruegos Emperor ofrecieron una nueva exhibición de su inconfundible black metal sinfónico. Convertidos ya en visitantes habituales de nuestro país, volvieron a demostrar por qué siguen siendo una referencia absoluta dentro del género.
Después llegó el turno de Opeth, otra de esas bandas que nunca dejan indiferente. Los suecos regresaban a España tras su actuación en el Sun & Thunder del pasado año y volvieron a conquistar a los aficionados más exigentes gracias a su inconfundible mezcla de metal progresivo, técnica y sensibilidad.

La madrugada reservaba además uno de los regresos más esperados por el público español. Delalma, el proyecto liderado por Manuel Seoane, volvía a los escenarios con su nueva formación para recuperar el universo conceptual de Lázaro y reivindicar una propuesta que sigue creciendo dentro del panorama nacional.
Los austriacos Dragony fueron los encargados de poner el broche a una intensa primera jornada.
Viernes: nostalgia, grandes clásicos y mucho hard rock
La segunda jornada volvió a arrancar con protagonismo nacional gracias a Xeria, que continúan consolidando su trayectoria dentro del metal melódico español tras varios años compartiendo escenario con algunas de las principales bandas del país.
Después desfilaron Kardinal X, Burning Witches y los incombustibles Su Ta Gar, antes de que llegara uno de los conciertos con mayor componente emocional del festival.
Blaze Bayley regresó interpretando un repertorio centrado en su etapa como vocalista de Iron Maiden. Una época que sigue dividiendo a los seguidores de la Doncella, considerada por muchos la menos brillante de la historia del grupo. Sin embargo, el cariño que el público español sigue profesando al cantante quedó patente desde el primer momento. La conexión con los asistentes fue constante durante toda la actuación.
La recta final de la noche comenzó con H.E.A.T., auténticos especialistas en revitalizar el hard rock melódico. Los suecos, grandes enamorados de nuestro país, volvieron a demostrar por qué sus frecuentes visitas siempre terminan dejando un excelente sabor de boca.
Y si hablamos de historia, pocos nombres pesan tanto como Saxon. Los británicos volvieron a dejar claro que siguen atravesando un magnífico estado de forma. La banda liderada por Biff Byford firmó una actuación contundente, repleta de clásicos y demostrando que la NWOBHM continúa muy viva sobre los escenarios.

La madrugada quedó reservada para Coroner y Ekyrian, encargados de cerrar una jornada marcada por la calidad y la variedad estilística.
Sábado: Epica pone el broche de oro
El sábado comenzó con las actuaciones de Latzen, Romanthica, Dominum, Krisiun y Tesseract, ofreciendo un recorrido por diferentes vertientes del metal mientras el recinto iba llenándose de ambiente para afrontar la última noche del festival.
Con la caída del sol apareció una de las bandas más representativas del metal estatal. Soziedad Alkoholika descargó toda su intensidad sobre el escenario y dejó al público completamente preparado para el gran momento de esta undécima edición.
Todas las miradas estaban puestas en Epica, convertidos finalmente en los auténticos cabezas de cartel del festival. Y los neerlandeses no defraudaron. Su espectacular puesta en escena, la impecable ejecución instrumental y, especialmente, la sobresaliente actuación de Simone Simons volvieron a demostrar por qué continúan siendo uno de los grandes referentes mundiales del metal sinfónico.

Como ya es tradición en el Z! Live, la despedida llegó envuelta en espíritu festivo y toneladas de power metal. Brothers of Metal desataron la fiesta antes de que Lepoka pusiera el punto final a tres días de música, amistad y celebración que se prolongaron hasta bien entrada la madrugada.
Mucho más que un festival
Una vez más, el Z! Live Rock Fest volvió a demostrar que no hace falta reunir cientos de bandas ni congregar a decenas de miles de personas para ofrecer una experiencia inolvidable. Su cuidada organización, la cercanía con el público, la comodidad del recinto, la excelente oferta gastronómica y un cartel equilibrado entre grandes nombres internacionales y el apoyo constante a las bandas nacionales siguen convirtiéndolo en uno de los festivales imprescindibles del calendario metalero español.

La undécima edición ya es historia, pero también la mejor invitación para regresar el próximo año. Porque quienes han vivido el ambiente del Z! Live saben que aquí no solo se viene a escuchar música. Se viene a reencontrarse con amigos, a disfrutar de una ciudad que abraza el festival y, sobre todo, a formar parte de una gran familia unida por una misma pasión: el heavy metal.

